Hace un par de semanas sentí el golpe duro de la muerte, no me morí yo, se murió un amigo muy querido, que ahora está con Dios, seguramente pasándola mejor que nosotros; pero no quiero ahondar en ese aspecto, sino en lo que pasó después… Pasados los días, me entero que otro amigo estaba desaparecido, entonces se imaginarán lo que pensé: “A este le pasó algo grave”, porque nadie sabía dónde se había metido. Entonces comenzó la espera de saber su paradero… nos enteramos, a nuestro pesar, pero aliviados también porque no le pasó nada, de que había pecado con algo que había dejado de lado hace mucho tiempo (no voy a contar en detalle, quiero proteger la integridad de mi amado amigo), entonces yo me entristecí mucho, porque aprecio a esta persona, la he conocido desde algún tiempo y nos hemos hecho muy buenos amigos. Fue una cuestión como de proporciones grandes, fue un pecadote, de esos que dan vergüenza contar, pero pienso (porque no he podido contactarme con él) que ya pidió perdón a Dios, que ya asumió la responsabilidad que eso implica, que también asumió las consecuencias de su acto y todo lo demás. Por qué cuento este hecho, porque quiero llegar al título, es decir, mostrar que Dios es un Dios de oportunidades.Cuando uno está siendo tentado por el diablo, siempre sentirá que lo que tiene enfrente es lo que saciará su sed, es en ese punto cuando uno toma la decisión, sí o no, lo tomo o lo alejo de mí, y por lo general decidimos por la primera opción, o sea, decimos que sí. Después de cometido el pecado (porque uno no “cae” en pecado, es uno el que cede, es uno el que peca), el mismísimo diablo que nos puso tan “delicioso” banquete, nos acusa delante de Dios y le dice:”Ahí está tu hijo, mira lo que hizo… Qué vas a hacer?????” y es en ese momento cuando la culpa viene a golpear a la puerta incansablemente hasta que uno cede y piensa que ya no tiene vuelta, que como lo ha hecho otras veces, cree que Dios ya no confía en uno, que no lo va a perdonar…Pero es ahí donde entra a jugar de titular la oración, porque es fundamental que uno le diga a Dios lo que ocurrió, con lujo de detalles, todo, que no se nos quede nada de lo cual el enemigo pueda asirse para culparnos; eso sí, debemos estar arrepentidos de corazón (arrepentimiento: cambio de mentalidad), si no, no funciona. Es entonces cuando el Espíritu Santo sale al campo de juego, reemplazando culpa por paz, pecado por perdón y sanidad, suciedad por santidad y, a su vez, nos trae la botellita con el agua que nos refresca, así me he sentido cuando recibo el perdón de mi amado Dios, me cambia por completo, me levanta y me dice: “Vamos hijo, hay que seguir adelante, ya olvidé lo que hiciste; para mí, estás sanito y limpiecito” y siento que me da otra oportunidad para pelear, otra chance para seguir su camino y llegar a ser como Él.La conclusión de todo esto es que Dios espera que vayamos a Él, cuando hemos pecado y aún cuando no hayamos hecho nada de lo que podamos arrepentirnos, con un corazón humillado y sincero, sin tapujos ni pelos en la lengua, creyendo que nos va a perdonar (eso es importante: CREER) y sentir que la presencia de Dios nos renueva y nos da fuerza para seguir adelante. Recuerden que Dios siempre, siempre nos da una nueva oportunidad para continuar…
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